Frágiles
Beso a beso unían más sus almas, sellaban como pegamento aislador, se fundían en un mismo fuego, caían en el mismo recipiente de oro que resguardaba su amor natural, por su misma naturaleza.
En sus cuerpos tatuaban y forjaban las marcas del amor santificado por los príncipes de Sodoma. Se duchaban bajo la lluvia carmesí del cielo enfundado de querubines rosáceos.
Sus miradas se perdían en los florales laberintos del jardín de los suplicios morales, que la sociedad ha cosechado desde tiempo.
Con sus musculosos brazos se aferran a las enormes columnas que fueron levantadas día a día, tras las pedradas de la multitud moralista del siglo XXI. Acusados como si fueran herejes de la edad media, quemados con la leña de la envidia.
Él se llama Marco, y él, el otro, se llama Armando, dos enormes maestros de gimnasio, poderosos como las columnas de la torre latinoamericana, pero frágiles como dulce el culo de una princesa de cuento.
-Julio de 2010-
No hay comentarios:
Publicar un comentario